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Un día como hoy, Pinochet y la CIA dan golpe de estado a Salvador Allende

Un día como hoy de 1973, Pinochet y la CIA dan golpe de estado a Salvador Allende. Una jornada dramática que cambió para siempre a Chile

Un día como hoy de 1973,  Augusto Pinochet y la CIA dan golpe de estado a Salvador Allende.

Era un martes, el reloj marcaba las  7:30 de la mañana, el presidente socialista, electo democráticamente en esa nación, Salvador Allende, llega al Palacio de La Moneda, donde conoce sobre el alzamiento de la Marina en Valparaíso.

Había poco tráfico. Casi nadie en las calles.

Horas después,  Allende se enteró de la traición masiva. Las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros de Chile le daban un golpe de Estado a su gobierno de Unidad Popular.

Para conducir al país a 17 años de una de  dictaduras más fuerte de América Latina.

Eran las 9:20 de la mañana, cuando Allende le habló a los chilenos, desde la sede del gobierno y mediante Radio Magallanes.

Con la pasión que sentía por el pueblo, le puso tranquilidad y agallas a su voz, a pesar de que sabía que esas serían sus últimas palabras a todo Chile.

Dijo “Pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser cegada definitivamente”,  mientras defendía el Palacio de La Moneda.

Donde lo pusieron los votos del país en las elecciones de 1970.

Quizás los golpistas creyeron que dándole un avión para que saliera del país, Allende renunciaría a crear una sociedad mejor para su Patria.

Quizás esos mismos golpistas olvidaron cuando en diciembre de 1971, el médico presidente dijo en el Estadio Nacional –el mismo que se convertiría en el mayor campo de concentración de la dictadura– que jamás cedería el Palacio de La Moneda.

“No daré un paso atrás. Y que lo sepan: dejaré La Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera”, afirmó el mandatario dos años antes del golpe militar que indignó al mundo.

Con un casco y una ametralladora, como un soldado más del país que amaba y que defendía hasta los huesos, Allende le decía a los chilenos, mientras veía tanques de guerra frente al palacio:

“Tienen la fuerza. Podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

“Trabajadores de mi Patria, quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que solo fue intérprete de grandes anhelos de justicia”.

Sus palabras –dijo– no tenían amargura, sino decepción, y serían “el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron”.

Entre ellos estaba el general Augusto Pinochet, en quien Allende confió hasta conocer de su participación directa en el golpe.

Había sido nombrado por el presidente como Comandante en Jefe del Ejército a menos de un mes del golpe de Estado.

Estados Unidos

Allende era la amenaza comunista en el continente para Estados Unidos (EE.UU).

A su derrocamiento, el gobierno del presidente estadounidense, Richard Nixon, destinó millones de dólares, y documentos desclasificados años después del golpe de Estado evidencian su participación en la instauración de la dictadura de Pinochet, que causó más de 40.000 víctimas.

“Nixon ordenó a la CIA que evitara que el presidente Allende tomase posesión de la presidencia”, dijo el embajador de EE.UU. en Chile (1967-1970), Edward Korri, en entrevista para el documental “La última decisión de Allende”.

Korri recuerda la reunión con Nixon en Washington, donde este habló de “cómo iba a machacar a Allende: iba golpeándose la mano con su puño. Le llamó hijo de puta y creo que, también, bastardo”.

Un documento desclasificado de la CIA, del 1ero de octubre de 1973 señala que el golpe de Estado en Chile había sido casi perfecto.

Libro

A 46 años del golpe de Augusto Pinochet, bueno es repasar el libro “Salvador Allende y las ciencias sociales” que, en 2008, con motivo del centenario de su nacimiento, publicara CLACSO junto con FLACSO

Como “una forma de expresar nuestra convicción de que las ciencias sociales y el pensamiento crítico pueden y deben ser una herramienta de lucha contra la opresión, la injusticia y la exclusión.

Un grito de libertad que ninguna dictadura podrá callar jamás”.

La antología, realizada por Frida Modak, quien fuera su Secretaria de Prensa, compila algunos de los más célebres textos y discursos de Allende.

Con eje en la práctica política y la relación entre la democracia y la construcción pacífica del socialismo.

 

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