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Raúl con 60 años decide bajarse del tráiler y dedicarse al maquillaje

Raúl, de 60 años, decide bajarse definitivamente del tráiler y dedicarse de lleno al maquillaje y venta de cosméticos

Raúl, cuenta con un autoestima bien alta, no le importó el que dirán, solo hizo lo que su corazón le dicto y con lo que se identificó.

Una mano rustica, agarra suavemente el pincel, no es tan alto, de bigotes negros, franela deportiva y lleva siempre su gorra.

Él resalta entre las estudiantes que realizan el curso de maquillaje, y se nota muy firme y concentrado.

Realizando con determinación un arcoíris en los ojos de la modelo que tiene enfrente.

Don Raúl Santiago García, de 60 años se ve emocionado y por sus palabras, vemos su rostro amplia y los ojos color café bien abiertos contando su historia.

Es el primer estudiante, hombre mayor, graduado de una clase de maquillaje en Caborca, Sonora.

Chófer de tráiler 

Este humilde hombre es un conductor de trailer que se dedicó a vender cosméticos como pasatiempo y de está manera obtener una entrada extra.

Ahora que aprendió a maquillar, está seguro de lo que sigue.

“Vamos a decir que un mes voy a practicar y darle resultados a la maestra”, dice muy seguro desde su casa en Arizona, “me voy a bajar del tráiler para hacer esto”.

Don Raúl es seguidor del trabajo de Deysbel Olachea, maquillista profesional caborquense (https://www.facebook.com/deysbel.accesorios), desde hace un par de años, tiempo en el que empezó a ver sus vídeos y fotos de maquillaje en Facebook.

Cuando la conoció,dijo que su primer pensamiento fue que, si entraba a uno de sus cursos, iba a salir ganando, “porque iba a aprender y ganar dinero”, al tener algo más que ofrecer a sus clientas.

Raúl de 60 años es originario de Caborca, divorciado, padre de tres hijas y vive en Estados Unidos desde 1978.

Se dedicó al comercio  y, desde aproximadamente hace unos diez años, inició con la venta de cosméticos, donde sus principales compradoras son las cajeras de los restaurantes.

Recorrido

Asimismo como damas de tiendas de ropa y librerías que hay en el camino, en cualquiera de los 48 estados que recorre en su trailer.

“Si paso por un edificio, yo puedo asegurar que convenzo a las muchachas; yo tiro mi anzuelo y voy a pescar, a ver qué saco”, se ríe.

 

“Yo saludo y cuando voltean, les ‘viboreo’ las cejas, luego les digo que las tienen bonitas -aunque no las traigan así- y me dicen ‘ay pero no me la saqué’.

 

“Les contesto que traigo unas cremitas… y con la plática, en cinco minutos, ya se llevaron un maquillaje”.

 

Relató de una profesora

Deysbel Olachea dijo que conocer en persona a don Raúl le resultó toda una sorpresa. Pensaba que era un hombre más joven, pero desde que lo conoció y platicaron en persona, quedó sumamente impresionada por su amabilidad y su capacidad para aprender.

“Fue algo muy gracioso porque el curso lo empezó el viernes, lo cité a cierta hora, llegó antes y entró… estábamos puras mujeres, todo estaba bien lleno y yo estaba ocupada maquillando; él se sienta en la sala, como que se sintió intimidado, luego pidió salirse y mejor esperó a que me desocupara.

En la primera clase, no quería ni tocar a la modelo, porque se sentía muy brusco; con sus manos grandes, rasposas, no le daba confianza tocar el rostro de la modelo…

Pero a la tercera clase, se soltó muy bien, con mucha más confianza, he hablado con él y me ha dicho que ha estado practicando”.

La especialista en maquillaje le explicó toda la teoría sobre el rostro y su morfología, el uso de las tonalidades, las correcciones del rostro, las tendencias de maquillaje y otros tantos tips.

“El último día nos trajo frutas, aguas y se ofreció a invitarnos pizzas para estar más tranquilas; traía su maletín de cosméticos, me los enseñó, me regaló algunas cosas y yo le dije cómo usar otras.

Impacto

Para mí, fue muy impresionante cuando me contó su historia y no sabía por qué él quería aprender, cuáles eran sus intenciones.

Pero, conforme lo fui conociendo, me di cuenta de que, más bien, lo que quería eran más ventas y superarse”.

Don Raúl dejó a un lado el qué dirán, no le importa ya que esta seguró de su sexualidad, dijo Deysbel, y con su trabajó inspiró a otros.

“Me llegaron muchos mensajes de personas del sexo masculino, me dicen que ya se siente más animados, que don Raúl les dio más fuerzas para animarse”.

Que decían que no podían porque son hombres, que por su edad, que porque son casados… pero ahora dicen que sí el pudo, ellos también”.

Se sentaba en la computadora y veía el trabajo de Olachea por facebook, pero se canso de verlo a través de las pantallas.

Esto lo motivo y al enterarse del próximo curso que realizaría la especialista se inscribió sin ton ni son.

Aprovechó sus días de semana libre, del 17 al 19 de mayo, y se fue a Caborca.

Donde pasó tres días entre brochas, paletas de sombras.

Y la compañía de un gran grupo de mujeres que lo acogió en su proceso de aprendizaje.

“Al principio fue muy difícil porque yo pensaba que iba a ‘rayar’ a todas las modelos, pero la maestra me dijo que hiciera lo que me decía y saldría adelante”, compartió a Proyecto Puente.

“Fue muy tenso el primer día… y el segundo, antes de empezar, la maestra me dio una terapia para que me soltara”.

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